Erase un hombre atrapado en un laberinto. Lo había recorrido en busca de una salida, pero no daba con ella. Desesperado se sentó por un momento cuando escuchó una voz que le hablaba.

– “¿Qué te pasa?”, le dijo una mariposa que se había posado sobre su hombro.

– “Quiero salir de este laberinto”, le replicó el hombre.

Entonces, la mariposa le explicó: “Este es un laberinto especial. No vale con el deseo de salir para abandonarlo, porque eso sólo te retendrá dentro. La única forma de escaparse de él es soñar un mundo fuera con tanto deseo y concreción que cuando te quieras dar cuenta aparecerá delante de ti. ¿Cuál es tu deseo? “.

– “Salir de este laberinto”, contestó el hombre.

– “No has entendido nada de lo que te dije”, insistió la mariposa. Te lo volveré a explicar: “Este es una laberinto único, diferente a los demás. No hay forma de abandonarlo si te empeñas en buscar una salida. La única llave para salir se forjará con aquello que imagines y sueñes con todas tus ganas. Así que te volveré a repetir la pregunta: ¿Cuál es tu sueño? Cuando lo puedas contar con tanto detalle que pareciera que fuera normal saldrás de este laberinto en el que te encuentras”.

– “Es que no se me ocurre qué puede ser tan bonito para que dedicarme a ello el resto de mi vida”, reconoció el hombre.
La mariposa le corrigió: “Sí que lo sabes, sólo tienes que escuchar a tu corazón, dejar que sea él el que hable. Él te dará la respuesta. Entonces descubrirás que se trata se ser aquello que ya eres pero un día dejaste de creer en ello”.

El hombre recordó que, hace muchos años, casi cuando era un niño tenía una gran pasión: escribir. Que las palabras brotaban de su pluma sin apenas resistencia, que las letras y las palabras se colocaban solas en el papel sin requerir de ninguna instrucción y que las ideas se apresuraban a buscar acomodo en sus escritos.

Y fue de esta forma  cómo el laberinto comenzó a desaparecer y la salida simplemente apareció. Siempre había estado ahí. Cuando abandonamos nuestros miedos el mundo que siempre soñamos se muestra delante de nosotros. Aquello para la que nacimos y vivimos en este mundo hace su aparición. Tenemos siempre la salida delante de nosotros. No la vemos porque nos la tapan nuestros miedos.